El insomnio está de moda.

No suelo tener muchas cualidades o sentimientos en común con mi entorno. No hay un grupo abarcador de personas que entiendan mi manera de pensar hablada. Aunque sí entienden la escrita, por eso lo antes mencionado me importa poco. También creo que es mi culpa, pues no siempre escojo las mejores palabras o la mejor manera para dirigirme a los demás. Para los que se han dado la tarea de conocerme, estos ven y escuchan lo que realmente quiero decir, sin sentirse ofendidos o negativamente aludidos. Pero sí hay una cosa que nos caracteriza y une a la gran mayoría de personas con las que me relaciono. Se llama insomnio.

 

Sufrir de insomnio es algo normal para nosotros. Es un estilo de vida al que fuimos obligados a tomarle cariño. Llega la noche y estamos conscientes de que es para todo tipo de escenario y dormir es el último de ellos. En ciclos recientes de 24 horas, alguien a quién admiro, y con quién me identifico, creo que por tener de su lado el poder de la palabra escrita, y más allá del talento que compartimos, tiene el talento de llevarla a otro nivel convirtiéndola en música. Me sirvió de inspiración al una parte de su nueva canción decir: “Llevo sin dormir algunos días, pensando en ti.” Aparte de lo sensual de esta parte pensé, que aunque muchos de nosotros sufrimos de un insomnio que no nos abandona, la raíz de la razón que nos mantiene despiertos, es muy diferente para cada cual. Para muchos es un viejo amor que no pueden olvidar. Algunos sólo se acostumbran a la idea de vivir sin esa persona físicamente, pero sentirla contigo en tu interior todos los días. Para otros es un amor del presente. Se piensa y se piensa una y otra vez qué hacer, interrogantes que leí una vez que describen a la perfección el sentimiento: “cómo cuidarla sin anularla, como acercarse sin invadir su espacio, como confiar sin exigir, cómo discutir sin pelear…”, cómo hacer para hacer feliz a esa persona, que al pasar del tiempo se convierte en una extención de tu ser. Para otros tantos, un hijo, una hija, un familiar que tienen lejos, que no pueden ver todos los días. Sólo les queda encomendarlos a la fuerza superior en la que crean, con la más grande de las esperanzas de que el amor que sienten por ellos los mantega unidos, aún en la distancia. Hay quienes no duermen pensando en errores y metidas de pata. Este es el peor de los insomios, es tiempo perdido, pensando en lo que ya pasó y no puedes arreglar ni cambiar. Para otros es ese proyecto de vida, un deseo, un sueño de cambiar el mundo. Un sueño de cambiar tu propia realidad. Es tan importante para cada cuál que te hace pensar que el no dormir va a ayudarte a hacer que esto se vaya de la mente buscando la solución, sabiendo que vendrán muchas noches más de desvelo.

 

Sólo nosotros sabemos qué es lo que nos quita el sueño, lo que nos mantiene despiertos. Y aunque todas las razones posibles, son muy personales y diferentes, todas sí tienen algo en común. Son una pasión. Lo que domina nuestra voluntad y perturba la razón. Ese entusiasmo que pones en algo que quieres hacer y lo defiendes hasta el final. Ese sentimiento que monopoliza nuestros sentidos. Convirtiéndose en el frenesí de nuestros días, muchas veces quitándonos el control de las emociones… Pero mira, después de todo, de eso se trata. Te hace vivir. Te hace sentir vivo.

 

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